Como suelo hacer de vez en cuando; me fui a la soledad de la niebla de esta noche fría del invierno para encender el fuego y conmemorar en silencio las extraordinarias maravillas que este año la Providencia ha revelado a mi destino.
Las llamas, en su intranquilidad permanente reflejaban curiosas formas que he registrado para no olvidar jamás.
Tu imaginación podrá interpretarlas a su manera. Posiblemente en esa misma hora y en otros lugares del mundo, otras llamas habrán revelado también sus maravillosos contornos, a otros que conocen del silencio, la gratitud, la memoria y de la inevitabilidad del azar; de todo aquello a lo que hemos sido destinados sin pedirlo.
Aquellos signos que llegan sin pedir permiso, derriban las puertas y transforman nuestras vidas para siempre.
¿Habremos coincidido?
¿Quién sabe?...Quizá; porque cada quien lleva consigo ese maravilloso fuego interior que de vez en cuando asoma sus inesperadas llamaradas para invadirlo todo.

Una sola chispa incendia la pradera. Las cosas, no se buscan. Se reciben. Y como el Señor dice:
¨...tienes el poder de nombrar las cosas que no son; para que sean cosas que son...¨
Cito también este extraordinario fragmento que leí alguna vez y que tiene mucho que ver con los ánimos que soplan estas llamas.
¨Yo no tengo miedo. simplemente quiero estar presta al asombro, a la impredecible certitud de que el universo se encargará de acomodarlo todo¨
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diciembre2007 |