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"Providencia Divina"

Hace dos años, por una casualidad del azar, tomé el camino de la libertad y renuncié a los transitorios privilegios del status corporativo.

Lo más difícil resultó despojarme de la maravillosa vista que desde mi ventana favorita tenía hacia el horizonte, podía contemplar la inmensidad de mar, los sensuales vaivenes y su intranquilidad permanente.

Allí tuve mucha suerte; tanta, que esa ventana me trajo hasta aquí, a este sereno valle donde el tiempo se desplaza a un ritmo intemporal y todos los días parecen ser iguales por el quieto perfil que las montañas dibujan en el horizonte y el misticismo que rodea sus contornos.

Aquí no hay revistas sociales, los periódicos llegan después del mediodía, no hay grandes estrenos ni agitados centros comerciales, ni grandes letreros ni avenidas luminosas y el sitio de moda para ir el sábado en la noche es un inevitable viaje hacia uno mismo.

Ahora disfruto del indiscutible privilegio del anonimato.

Así nace DIO, por una casualidad del azar y la certeza; así se inicia esta maravillosa vocación de palabras precisas y días de intensas expresiones humanas. Hombres y mujeres exitosos luchando contra su propia existencia.

Ayer, en una de esas luchas y bajo un intenso aguacero bíblico, la furtiva cámara de David captó este expresivo momento en un taller de trabajo en equipo para el extraordinario cuerpo de ventas de la empresa Unilever. Al contemplarla hoy me ha sorprendido la profunda impresión de que nuestras experiencias tienen para los participantes un significado mucho más trascendente del que se pretende lograr en los objetivos que definimos para cada equipo.

Esa infinita expresión refleja los argumentos que no podría yo describir jamás con simples palabras. Algunas imágenes transmiten un lenguaje que sobrepasa al entendimiento humano.

Es por eso, que una vez más profeso y confieso mi más profundo sentimiento de gratitud a la Divina Providencia por haberme conducido a este inevitable destino. Lo agradezco con el alma, con el espíritu y con toda la fuerza que pueda tener un corazón humano; porque parece que a través de las palabras tengo la facultad de despertar en otros corazones expresiones como la que nos revela esta conmovedora imagen.

Honro este artículo con una legendaria expresión de Albert Einstein:

"Cien veces cada día me digo a mi mismo, que mi vida interior y exterior ha dependido de la labor de otros hombres, vivos y muertos, y que yo debo exigirme para dar, en la misma medida en que he recibido y todavía recibo"

 

abril2007