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La Belleza

El otro día; en una de esas intervenciones que con frecuencia realizamos en los hoteles de la zona Este , nos encontrábamos en medio de un ejercicio de grupo con 90 y algo más participantes de una prestigiosa empresa internacional.

Estábamos concentrados en nuestros propósitos; cada uno en lo suyo; nosotros, en los objetivos que teníamos previsto para el momento; los participantes en tratar de comprender y los turistas volcados en la arena bajo el inclemente sol tropical.

Sin previo aviso, y sin ninguno haber estado preparado para una revelación de tal magnitud, se incorporó de la nada una hermosa mujer que caminaba con la intención de cruzar por el pedazo de playa que habíamos ocupado.

Al desplazarse entre nosotros, todo quedó en silencio, la música dejo de sonar, los camareros detuvieron su agitada marcha, las tejedoras de trenzas confundieron sus trazos, las aves marina posaron su vuelo, pararon de golpe las ruidosas clases de merengue, las espaldas tendidas al sol se dieron vueltas, los salvavidas olvidaron su vigilia, nuestros instructores confundieron sus palabras, los micrófonos callaron, las otras mujeres miraban incrédulas y los hombres, todos los hombres quedamos sin aliento.

Ella, dentro de su traje de baño indiferente, caminaba como en cámara lenta, suspendida en el aire, inmune al peso de la gravedad, moviendo con vaivén su impresionante anatomía. Se acomodó el pelo; miró para ambos lados, como quien cruza la Quinta Avenida , esbozó una sutil sonrisa y cruzó en medio de todos y se alejó en silencio, dejando tras suyo una conmoción difícil de explicar con palabras.

Un minuto después; todos despertamos, el ambiente retornó a sus ruidos habituales, mientras aquella misteriosa mujer arrastraba a sus espaldas cientos de bocas abiertas y se llevaba enredado en su pareo el asombro que su inconmensurable belleza había desatado.

Después de tal “aparición”, me senté en silencio en una esquina tratando de comprender lo ocurrido y llego a la siguiente conclusión:

  1. La belleza se manifiesta de múltiples formas. Lo divino a veces se incorpora en dimensiones físicas perfectas.
  2. La actitud de estremecimientos y la capacidad de asombro es terriblemente sensible a la belleza.
  3. Lo bello conmueve, asombra y sacude nuestras fibras internas haciendo que su presencia se altamente memorable.

Todavía en medio de la conmoción que no he logrado despejar y que aquí me atrevo a confesar; me pregunto.

¿Cuántas personas habrán pasado frente a nosotros con una belleza aun mayor que a la que hago referencia sin que esta pueda percibirse por fuera?

¿Por qué no hemos sido todos dotados con la cualidad de poderla percibir en el interior de las personas?

¿Qué pasaría en el mundo si pidiéremos reflejar por fuera la extraordinaria belleza que llevamos dentro?

Probablemente, la civilización hubiera tenido otro destino….quién sabe?

Finalmente; nadie supo su nombre, de dónde venía, hacia dónde iba, ni su edad, ni su signo; y probablemente nunca lo sabremos o la volveremos a ver. Pero de una cosa estoy seguro; ninguno de los que estábamos ahí, incluyendo a quien suscribe, la olvidaremos jamás.

He aquí el extraordinario valor de la belleza y el tremendo poder que su manifestación puede desatar.

Ahí les dejo unas imágenes que pudo captar David (el único que pudo reaccionar), para compartir aquel asombro. Si por casualidad usted la reconoce, o sabe dónde está o cómo se llama; dígale que en esta página hablamos de ella y que un par de cientos de caballeros desean saber su nombre.

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febrero 2007 - Bávaro