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"La Libertad"

"La palabra libertad designa la facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción. Capacidad de autodeterminación de voluntad, que permite a los seres humanos actuar como deseen"

He leído cientos de páginas que hacen referencia a esta compleja palabra derivada del Latín. Filósofos, políticos, poetas, historiadores, artistas, héroes y villanos se han inspirado en ella.

De todas; la más relevante, es esta, que brota del extraordinario ingenio de Monseñor Francisco José Arnaiz


Una cosa es la libertad psicológica y otra la libertad moral y cívica. De que uno sea libre psicológicamente no se sigue que en moral y en sociedad pueda hacer lo que se le antoje. Por otro lado, aún psicológicamente la libertad humana tiene sus límites y condicionamientos. Esto habla claramente de la complejidad del fenómeno de la libertad humana. Un viejo adagio inglés dice, aludiendo al ser humano: “podrás llevar a tu caballo hasta el abrevadero pero no hacerlo beber”.

A despecho de su complejidad, la importancia de la libertad humana es suma. Lo es antropológica y sociológicamente. Esto nos ha animado a reflexionar sobre ella.

Decimos que un ser humano es libre cuando goza de libertad de acción, es decir cuando los actos que realiza dependen únicamente de su decisión personal, sin estar uno coaccionado por fuerzas determinantes.

La libertad se inscribe, según esto, en el actuar humano y se denomina acción humana a todo movimiento que se origine en el ser humano y busque el perfeccionamiento propio o la transformación del mundo que le rodea: personas o cosas. Ahora bien el impulso que mueve al ser humano a obrar así está siempre en él mismo o en ese mundo que le rodea. En el primer caso es la propia naturaleza ñsus tendencias y apetencias innatas- le que le impulsa a actuar. Y en el segundo, el mundo que le rodea.

El ser humano, como todo ser viviente, es una fuente inagotable de acción destinada a desarrollarse y expandirse. Puestas las condiciones necesarias e indispensables, esa acción expansiva de si mismo se produce inexorablemente. El origen de esto no es otro que la existencia en lo íntimo de su ser de una serie de tendencias e impulsos elementales, que le llevan a actuar y que se traducen en acciones concretas como son , por ejemplo, las de nutrición. desarrollo, reproducción y adaptación al medio en que se desenvuelve y que hacen que no sea tan libre como él frecuentemente cree.

Todos los actos que, según esto, el ser humano realiza por exigencia de sus impulsos vegetativo y animal corresponden a esta clase de actividades y no puede decirse que sean específicamente humanas ya que nos son comunes con los demás seres vivientes.

De acuerdo a esto, la acción específicamente humana no es la que procede de las bases instintivas del ser humano sino la que procede de su dimensión espiritual. Esto no quiere decir, sin embargo, que los actos correspondientes a los impulsos instintivos no puedan ser humanos. Adquieren este carácter cuando son aceptados, dirigidos y queridos por la voluntad deliberada. Sucede así por ejemplo con la actividad sexual que responde al instinto de reproducción pero que se eleva a nivel humano cuando ella es libremente querida y elegida.

Lo característico de la acción humana es su procedencia de un acto de la voluntad libre del ser humano, previa una fase de deliberación sobre el beneficio o perjuicio que de ella pueda seguirse.

En términos generales puede decirse que acto libre es aquel que se realiza voluntariamente. En un acto así convergen tres factores: 1) conocimiento del fin que mediante ese acto se pretende alcanzar; 2) voluntariedad. Se quiere hacer lo que previamente se conoce; Y 3) ausencia de necesidad. De los tres el que verdaderamente constituye el acto como libre es el tercero, la ausencia de necesidad.

Esta necesidad puede provenir de dentro o de fuera del ser que actúa. La primera se llama necesidad interna y la segunda, necesidad externa.

Los otros dos factores son requisitos indispensables para que la libertad de acción se produzca pero no son estrictamente los que producen el carácter libre de la acción.

Se entiende así que la libertad haya sido definida como la propiedad de aquellos seres o actos que, en su ser o en su actuar no se hallan determinados por necesidad alguna. Tenemos así que libertad es ausencia de necesidad.

Siendo ésta una definición negativa, se ha buscado definirla positivamente y así se ha dicho con mayor precisión y hondura que libertad es “autodeterminación de la voluntad” o, lo que es lo mismo, “capacidad o poder electivo de la voluntad”.

La libertad no es unívoca ya que existen dos tipos básicos de libertad. Está, en primer lugar, la libertad de coacción o libertad de espontaneidad que Leibniz llamó “libertad de hacer”, que consiste en ausencia de necesidad alguna externa. Dentro de esta clasificación puede darse lo que ha sido llamado “libertad de fin”.

Existen, en efecto, objetos con tal poder de seducción, con tal fuerza atractiva, que la voluntad no tiene más remedio que inclinarse ante ellos determinada por su bondad. Tales objetos presentados a la voluntad como fin de su acción son los que originan su necesidad de querer dicho fin.

La ausencia de esta necesidad externa es la que ha sido llamada “libertad de fin”.

El segundo tipo básico de libertad es el de la libertad de toda necesidad interna. Tal libertad ha sido denominada también “libertad de arbitrio” o “libre albedrío”. Leibniz la llamó “libertad de querer”.

Se da cuando el acto humano se realiza con ausencia de una necesidad interna, impulso o tendencia. Esta libertad de arbitrio o libre albedrío se desdobla en nuevas subdivisiones. Tenemos así la llamada libertad de ejercicio o de contradicción, cuando la ausencia de necesidad interna permite al ser humano poner el acto o no ponerlo (visitar a un amigo o no visitarlo); y libertad de especificación cuando la ausencia de necesidad interna permite al ser humano escoger entre dos opciones distintas (ir al cine o visitar una librería). Teniendo en cuenta el modo cómo estas opciones distintas se oponen entre sí, podemos distinguir la libertad de disparidad, si el ser humano elige entre actos que son simplemente distintos (rezar o leer); y Libertad de contrariedad, si los actos son contrarios (amar u odiar, hacer algo o no hacerlo).

Los campos de actuación de ambas libertades son muy distintos.

La libertad externa o de coacción se desenvuelve en el ámbito externo y generalmente en el medio social. Por eso son exigencia de ella las siguientes libertades: la libertad de movimiento, de traslado de un lugar a otro; la libertad civil o social, mediante la cual el ser humano puede actuar libremente en una sociedad con las garantías de la ley; la libertad política de poder cooperar directa o indirectamente en el gobierno de los diversos grupos y niveles sociales de los que el ser humano forma parte; y la libertad cultural y de expresión: exponer una obra de arte; publicar un libro o un artículo; pronunciar una conferencia, una charla o un discurso; y exponer en público o en privado ideas o críticas, asentimientos o repulsas.

Por su lado, la libertad de necesidad o libre arbitrio se ejerce de modo especial en el ámbito moral y religioso. Mediante dicha libertad el ser humano puede cumplir o no la ley o normas morales, aceptar o no a Dios y todo el mundo trascendental. Por eso esta libertad se ejerce, en todos los casos, en el ámbito más íntimo y más auténticamente humano.

Esto supuesto, es evidente que la libertad de coacción es inferior a la libertad de necesidad interna o libertad de arbitrio, por ser ésta la que más auténticamente expresa y manifiesta la condición humana. La libertad de coacción, sin embargo, aunque subordinada a la libertad de arbitrio y dependiente de ella, es hasta cierto punto una condición necesaria para su ejercicio.

Por eso la libertad de necesidad interna se vigoriza cuando su ejercicio se halla facilitado por la libertad de coacción, por la libertad física y civil. La libertad física y civil facilita la aparición y el despliegue de la libertad espiritual, íntima. Esta realidad, es la razón por la que en los países, donde esa libertad externa, física, se halla constreñida y asfixiada por estructuras socio-políticas de tipo totalitario, la vida del espíritu y su expansión, la libertad interna, se debilita y hasta languidece, se degrada. Ha sido recientemente la deprimente y trágica experiencia de los pueblos que se vieron sometidos a regimenes fuertemente dictatoriales.

 

julio2008